Bedate - Una vida dedicada al arte
p á g i n a [ 10 ] sensación de reconocimiento de “lo que nos da la vida”, lo grandioso que nos rodea y que “hemos de tratar con respeto”, y al respeto le añade él devoción. “Hay que conservar lo que tenemos, admirarlo, cuidarlo”. Bedate, como tantos amantes de la caza y de la naturaleza, es también un gran conservacionista. Con un cuadro suyo de un elefante de la sabana africana como escenario, re- cordamos a Delibes, “un buen cazador” y un gran naturalista. Paisajes, desnudos, animales… Son ya cincuenta años en el mundo del dibujo, del óleo, de la pintura; mun- do lleno de otros mundos, de paisajes, de ganado, de aves, de cazadores, de mujeres y hombres, de niños, de desnudos, de retratos, de bodegones, de culti- vos, de fuego, de ancianos tendidos al sol o al amor de la lumbre o a la partida de cartas… y la estela de los viajes y su obra. Estados Unidos, Italia, Noruega, Alemania, Canadá, Países Bajos, Zimbabue, Reino Unido, Sudáfrica, Austria, Portugal, Bulgaria, Francia, Grecia, Bélgica, Suiza, India… Y con sus lienzos viaja él, sus sentimientos y su interior volcado en ellos. Si no fuera así, no sería pintor. Si no hay nada que expresar, si no hay sentimien- tos y si no hay técnica para modelarlo no hay nada. Contempla extasiado Las Meninas o La Gioconda , Velázquez y Da Vinci, dos de sus mitos. El Prado y el Louvre, sus dos museos de bolsillo. “El Prado contiene mejor pintura. El Louvre está mejor organizado, es más museo. Más oculto, más misterioso. Se goza más de la soledad que se necesita para captar a los artistas. Lo que sientes es una sensación muy especial”. A Miguel Ángel la relación con su tierra le agrada y le duele. “Si no nos queremos nosotros no nos va a querer nadie”. Ama Extremadura. Y en sus cuadros trata de plasmar lo bueno de Extremadura, “que es mucho”. Pero lo mismo la adula que la fustiga. No gasta piedad. “Tenemos que trabajar porque si no llegan otros y nos adelantan”. Termina la sesión fotográfica con nuestro compañero Álvaro. Nos enseña fotos de su niñez y juventud. De pequeño tenía ya esa apariencia distinguida mezclada, eso sí, con ciertos aires de desapego. Y de muy pequeño, también, le nació la vena de artista; el genio que quizás le inculcaron su padre y su tío. El pri- mero fue barítono del Palacio de la Zarzuela y el segundo copista en el Museo del En Granada, Generalife. Realizando apuntes en el Louvre, París. En la India. Desnudo en el rugidero , Mérida, pastel.
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