Caricaturas de Unamuno

14 Luis Bagaría i Bou (Barcelona, 1882 – La Habana, 1940) Quien se ganó inicialmente la vida como panadero, mozo de billar, sereno, vendedor de tabaco y pintor de bodegones en las paredes catalanas tras abandonar la academia de Santiago Rusi- ñol, terminaría siendo el más cotizado ilustrador español duran- te tres décadas, porque Bagaría fue el caricaturista político más grande de su época y quien más dinero recibía por sus dibujos, mientras se perdía con su republicanismo socialista por taber- nas nocturnas, acreditando su fama de bohemio y sembrando sus “delenes” entre cantineros y prestamistas, recibiendo propuesta de excomunión por una irreverente caricatura. Incomprensible fue para todos los de su tiempo que un hombre desidioso, alcoholizado y fumador de puros, pudiera hacer con un lápiz ilustraciones diarias que merecían elogios en todas las redacciones, mentideros, cenáculos y escaños parlamentarios, incluso por los fustigados por él con finura intelectual, talento singular y profundidad en sus dibujos. Amigo fiel, estimado colega, caballeroso, dilapidador de fortu- na y salud, pacifista, autodidacta, cortés, pacífico discrepante, educado vecino y amigo sonriente con inmenso corazón, humildad franciscana y un sentido del humor que deleitaba a los contertu- lios, porque donde estuviera Bagaría no había espacio para el malhumor. Dibujaba siempre de pie con lapicero del dos, sobre un pliego cuadrado de 30 cm de lado, sin utilizar la goma y antes de untar el plumín en tinta china, con decisión, trazo directo y limpio, sin levantar la plumilla, hasta concluir su cotidiana obra de arte, plena de equilibrio, armonía, contenido, composición artística y original texto que acompañaba al dibujo.

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