Mª Cecilia Martín

circundan y que por su peculiaridad la emocionan. La mayoría de sus motivos no son nuevos ni sorpren- dentes, su interesante resultado estriba en haber sabi- do desarrollar y ver sus proyectos desde un prisma diferente y personal. Motivos y temas utilizados en todos los tiempos por los grandes maestros que nos han dejado la impronta de su genialidad, pero tam- bién las diferencias que los separaban. Los trabajos que la pintora desarrolla en el aprendizaje de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando se limitaban, a bodegón y figura, retrato y desnudo. No había entonces ninguna docencia dedicada exclusiva- mente a la composición, dejando al alumno al finali- zar sus estudios indefenso ante este gran problema. Su ignorancia se refleja en los primeros cuadros y en las primeras exposiciones, encontrándose con tímidos apuntes de figuras y retratos; observando que son más frecuentes, en estos años, los paisajes, donde la intui- ción y el buen gusto menguan las dificultades: Ledes- ma , Interior de la Catedral Vieja de Salamanca , Prado de panaderos , etc., todos pintados directamente del natu- ral en cartulinas de diferentes tonalidades. Estudia composiciones clásicas en las pinturas renacentistas. Este análisis incorpora sosiego en sus obras, mientras indaga en otras tendencias como Romanticismo, Impresionismo, Expresionismo y Abstracción, que acaban por despejar las telarañas que le impedían apreciar con objetividad y lucidez la importante evo- lución artística emergente a partir de los primeros años del siglo XX . Después de digerir todas estas lec- turas de tiempos nuevos, la pintora llegará a su madu- rez artística con una inalterable vocación figurativa, integrando en sus trabajos todos aquellos elementos más actuales que cree válidos para conseguir sus obje- tivos. En las notas tomadas del natural, podemos comprobar los horizontes bajos lineales que suelen estar disimulados por elementos verticales, como árboles o personas, que rompen la monotonía, tam- bién aprovecha las curvas de los primeros términos (como montones de paja) agrandándolos para dar al conjunto mayor profundidad. En las numerosas sola- nas pintadas por M.ª Cecilia, vemos la verticalidad y horizontalidad de las casas, compartiendo viveza y movimiento con los personajes y campos. Convierte la tarea de sus primeros años en una lenta pero con- tinuada progresión, variando lentamente sus con- ceptos y técnicas percibiéndose claramente en el quehacer cotidiano, un caminar pausado y hasta pre- mioso, lleno de incertidumbres y ansiedades que nos han llevado a descubrir que la gran timidez de la pin- tora también invade su obra, desenvolviéndose este proceso en parcelas más complejas de lo que una lec- tura superficial pudiera hacernos creer. Su afán por conseguir una obra bien elaborada la lleva a dedicar largas horas en la ejecución de un cuadro, buscando un resultado premeditado donde la realización se ciña a un conjunto pictórico cohesionado, permitiendo que el color invada cada centímetro del soporte. La superposición de capas de color, más o menos delga- das, hace verosímil esa luz especial, que algunos críti- cos han llamado atmósfera. Sin embargo, no son estas transparencias conseguidas con maestría lo que trans- mite más emoción, sino el color, que en la pintura de M.ª Cecilia es decisivo y personal. En pocas de sus obras encontramos colores puros, para conseguir 123 E STUDIO DE LA PINTURA AL ÓLEO

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