Mª Cecilia Martín

48 M.ª C ECILIA M ARTÍN estancia, como para cierta cantidad de material pictó- rico a que tenían derecho los alumnos. Agosto y septiembre eran los dos meses en que debían disfrutar la beca, el primero en el Paular y el segundo en Segovia. El desplazamiento a esta ciudad era por entonces bastante conflictivo a pesar de la escasa distancia (unos 40 km) que separaba el uno de la otra. Desde siempre los alumnos y el profesor que los acompañaba debían volver desde el Paular a Madrid y desde allí tomar un tren que los trasladaba a la ciudad segoviana. En aquella época pocos coches se arriesgaban a llegar desde Segovia al Paular por una carretera de montaña que no era mucho mejor que un camino de mulas. Los chicos convencieron a don Eduardo para que les dejara buscar un vehículo que realizara el traslado, no supieron cómo lo consiguie- ron, pero una mañana llegó a la cartuja un pequeño autobús, por llamarlo de alguna manera, en el que se lanzaron por aquel camino de montaña hasta llegar horas más tarde a la Residencia para Pintores de la ciudad de Segovia, instalada en el palacio de Quinta- nar, ampliado y dispuesto para estos menesteres, pare- ciéndoles magnífico después de la estancia en las habitaciones destartaladas del monasterio del Paular. Este verano resultó para M.ª Cecilia fructífero: pintó y vio pintar. La mayoría de los extranjeros eran gra- duados, con viajes de estudios a sus espaldas y con tendencias renovadoras, que la ayudaron a ir neutrali- zando brumas académicas. Ella, siempre aficionada al dibujo, hizo una serie de iglesias románicas, pintó el Azoguejo, el Acueducto y sobre todo las tierras caste- llanas tan parecidas a las salmantinas y la huerta de un convento de monjas que veía desde la residencia. Academia , 1951. Clase de dibujo. Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Carboncillo-papel 120 x 81 cm. Col. de la artista

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