Enrique Seco San Esteban

9 El color me posee. No tengo que tratar de capturarlo. Me posee por siempre, lo sé. Ese es el sentido de la hora dichosa: yo y el color somos uno. Soy pintor. Paul Klee E nrique Seco San Esteban nace en Zamora en 1938, en plena guerra civil. Es hijo de Alejandro, maestro chocolatero, y de Catalina, modista, mujer por la que ha sentido, siente y sentirá adoración, y un respeto tan profundo que le ha llevado, desde que ella falleció, a guardar luto de por vida. Solo este detalle tan simple le define: es un hombre de profundas convicciones, tremendamente coherente, fiel a sus ideas y leal a sus sentimientos. No tiene recovecos, pero, detrás de su aparente sencillez, hay un hombre complejo, muy reflexivo, que se emociona con facilidad y que, increíblemente, no le preocupa mostrarlo… Pero sigamos con su historia. Empezó sus estudios ya dibujando en la pizarra con la tiza. En él, no despiertan pronto sus inquietudes artísticas, porque, según sus propias palabras, “estas ya estaban presentes cuando estaba en el vientre materno”. Dibujaba y dibujaba bien. Pero él necesita más, y con 25 años les plantea a sus padres irse a París a aprender, a empaparse de las corrientes pictóricas de la época, pero también de las intelectuales. Eran años convulsos (como casi todos los años) y París era un Abuela y nieto en la era. 2017 Óleo sobre tabla 30 x 26,5 cm

RkJQdWJsaXNoZXIy NTYwMjU1