Josefina Pérez de la Torre
( 7 ) MEMORIA DE MI MADRE Pablo de Unamuno Pérez E ra primavera de 1952 o 1953. Aquella mañana en mi aula del Colegio Público Luis Vives, junto al depósito de los bomberos, no había faltado ningún alumno a clase; alumnos, solamente niños, porque las clases no eran mixtas, tendrían que pasar todavía muchos años para que eso cambiara. Cuando eso ocurría, la asistencia completa del alumnado, por la tarde, el maestro rifaba algún objeto escolar: plumilla, goma de borrar, pizarrín, cuadernillo o cualquier otra cosa. Aquella tarde soleada de primavera mi madre, Josefina Pérez de la Torre, quiso ir a pintar un paisaje al campo y que yo la acompañara. Cualquier otra tarde yo hubiera ido encantado, pero aquella, que iban a rifar una plumilla u otra cosa, aquella vez no. Además, ¡cómo se pondrían mis compañeros de clase por mi ausencia! Mi madre consideraba entonces lo que ahora es la norma, que la “escuela” no está solamente en las aulas. Pues bien, ese niño que se esboza en el cuadro de Las lavanderas pintado en la chopera de la Aldehuela, en un brazo del río Tormes, ese niño soy yo. Hay que fijarse mucho para ver mi cara de enfado por no haberme dejado ir a la escuela, o mejor, por haberme impedido la rifa. Ese cuadro, que ganó uno de esos premios de la primera etapa de mi madre, cuelga en una de las paredes del salón de mi casa. Me lo gané desde el principio. Nunca perdí el recuerdo de aquella tarde. Esa etapa de mi niñez se corresponde con la primera también de pintura de mi madre y guardo recuerdos de entonces, no muchos, pero
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