Neli Martín
5 NELI MARTÍN Te cuelgas al hombro la cámara y es como si ganaras un ojo amigo. Un ojo que sabrá mostrarte lo más sutil de la realidad. No solo eso, sino que “enseñará” a tus ojos de siempre a que sean ellos quienes descubran las hermosuras ocultas del mundo que te rodea. Fotografiar siempre fue una excitante aventura, pero lo es mucho más cuando el objetivo que te mar- cas es la propia naturaleza, donde no es infrecuente que lo bello se muestre al observador de manera fugaz y has de aprovechar el momento justo. Sucede así, por ejemplo, cuando paseas por el campo en busca de la modesta florecilla y levantas la vista al cielo donde se te regala una pelea de cigüeñas; tú que no sabías que las cigüeñas tenían sus peleas. O cuando la mariposa detiene su vuelo y extiende las alas un tiempo brevísimo que las más de las veces ni siquiera te permite apretar el botón; y quien dice la mariposa dice la libélula. Lo mejor de todo es que las dificultades superadas potencian la satisfacción que obtienes cuando logras tu propósito. ¿Y cuánto se ha de esperar para que el dulce petirrojo decida posarse sobre la cámara descansada en el trípode? Otro reto superado. Hay ocasiones en que no se trata de apretar el botón en el momento exacto, sino que has de mirar con otros ojos como decíamos más arriba; todo un ejercicio de intuición. Es el caso del paisaje que muestra lo mejor desde un punto determinado, solo “un” punto que tú has de hallar. O cuando te ves obligado a mostrarte selectivo, ya que resulta imposible captar la grandeza de ese inmenso cielo que pocos días al año, pocas noches, ofrece lo mejor de nuestra galaxia. No son escasas por tanto las exigencias para el fotógrafo comprometido, pero quizá sea eso como decimos el acicate y en ello estribe la razón de que resulte tan placentero dejarte atrapar y no querer desengancharte. ¿Hablamos de los fracasos, las decepciones? Existen, por supuesto. Hay días que regresas a casa de vacío, la batalla perdida. Pero bien sabes, bien sabe todo amante de la fotografía, que los descalabros son las lecciones más provechosas y que en algún momento acabarás captando esa imagen que “transmite” y que para otros habrá de significar tanto como para ti. Un decidido amor en definitiva por la Madre Naturaleza.
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