Poéticas de Salamanca

43 M iguel de C ervantes S aavedra (Alcalá de Henares, Madrid 1547 - Madrid 1616) Nada tan halagador, para quien no ha leído a Cervantes, como las palabras que la ciudad y la uni- versidad han inscrito en sus muros con voluntad lisonjera de atraer a sus visitantes: «Salamanca (...) que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado» (pero donde, en efecto, Tomás Rodaja caerá hechizado a despecho de un membrillo enve- nenado); «Advierte, hija mía, que estás en Salamanca, que es llamada en todo el mundo madre de las ciencias, archivo de las habilidades, tesorera de los buenos ingenios», en palabras de Claudina, coja de toda virtud, vieja bruja, alcahueta y proxeneta, a su discípula Esperanza en la Tía fingida . La Atenas castellana, sí, sede hispana del saber por antonomasia, cueva también de espejismos y quimeras, plaza conjurada y de conjuros, asediada por prostitutas, estudiantes pobres, pecadores de toda laya y, en fin, «mesón del infierno». En la ciudad de las letras campa el fingimiento y el trampantojo, la locura de quienes a ella se confían y a quienes la agudeza de ingenio nubla el entendimiento. De aquella Salamanca gramática y traviesa se alcanza noticia, por medio del hijo de Bartolomé Carrasco, que en ella estudiaba, de que «andaba ya en libros la historia» de don Quijote, otro enfermo de las letras, como aquel gra- duado «en cánones por Osuna» pero que, «aunque lo fuera por Salamanca», quedaba encerrado en la «casa de locos» de Sevilla por falta de juicio. Los bachilleres y doctores por Salamanca, sabios y leídos, trasladan su vida a la literatura: los hay que sin daño para otros se visten de pastores, o caen en la pasión de la poesía, como don Lo- renzo, el hijo del honrado caballero del Verde Gabán, en una ciudad en la que «sobran» los poetas; abundan los que dejan las letras por las armas (y Salamanca por Italia o Flandes: Vidriera , Persiles , Ilustre fregona , Señora Cornelia ); y, en fin, quienes con daño para los demás usan de sus facultades para el engaño y la «formada mentira». Resulta reveladora la caracterización a contrario que define la bondad y discreción natural de Preciosa, La gitanilla , que en su virtud «dice cosas que no las diría un colegial de Salamanca». O bras de referencia El Quijote (1605, 1615) / Novelas ejemplares (1613) / Entremeses (1615) / Los trabajos de Persiles y Segismunda (1617) J uan M iguel V alero M oreno

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