Poéticas de Salamanca
61 T eresa de J esús (Ávila 1515 - Alba de Tormes, Salamanca 1582) IHS. En el Cantar de los Cantares se pondera en la hermosura de la amada su cabeza, a la que se compara con el Carmelo, monte del profeta Elías, el edificador. Sobre doce piedras, como las de las doce tribus, rocosa simiente de las hermanas que se congregan en torno al altar, Teresa de Ávila funda los conventos del Carmelo reformado, descalzo. El carisma de Teresa imanta voluntades. Los espíritus más elevados, las mentes privilegiadas y las grandezas de la monarquía hispánica se rinden a su obra, que une a la reciedumbre y determinación, la dulzura. La fama en vida y la póstuma, la santidad pronto alcanzada, el grado de Doctora de la Iglesia que concede Pablo VI en 1970 a quien era ya doctora honoris causa (siempre la primera en todo) por la Universidad de Salamanca, no deben ocultar el camino de abrojos, que es el de todo camino de perfección, suyo y de quienes le acompañaron. Antes de que los peregrinos se pusieran en marcha para venerar sus reliquias, Teresa ha luchado a brazo partido por llevar a cabo su misión en este mundo, por el que se confiesa de paso, y que desea abandonar. A su estancia en Salamanca, convocada por los sabios de su Univer- sidad, pertenecen aquellos versos de la vida de arriba , «vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero». En la vida de abajo Teresa se embelesa en la meditación y la oración, hermanadas a una acción (es Marta y María) sin tregua. En 1570 funda convento en Salamanca, donde la antigua calle del Arroyo del Carmen, casa de Juan de Ovalle, más conocida como casa de Teresa de Jesús. Extramu- ros de la ciudad, en el camino a Villamayor, hoy Paseo de Carmelitas, crecería aquella viña y mo- rada del Convento de Carmelitas Descalzas, ya evaporado. A orillas del Tormes, en Alba, con vistas de mucho recreo y deleite, el convento de la Anunciación (1571), donde fue a reunirse la Amada con su Amado. Fray Luis de León, editor de sus obras, que se imprimieron en Salamanca en 1588, pondera como un milagro sus frutos, «sus hijas y sus libros». Con ellos engolosinaba y robaba los corazones para inscribirlos en el libro de la vida . O bras de referencia Libro de la vida (1562-1565) / Camino de perfección (1562-1564; 1569); Moradas del castillo inte- rior (1577-1580) / Fundaciones (1573-1582) J uan M iguel V alero M oreno
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