Poéticas de Salamanca

77 J uan M eléndez -V aldés (Ribera del Fresno, Badajoz 1754 – Montpellier 1817) La dicha de un festejo de juventud en el que uno canta despreocupado sus propios versos, danzan- do de la mano de Venus y Baco. Así alienta Batilo a vivir y disfrutar de las bondades terrenales, que por su benignidad quedan ligadas ineludiblemente a la divinidad. Hoy se puede sentir la huella del Parnaso salmantino en los jóvenes sentados al amparo del puente romano. Es fácil ver en ellos el espíritu de Meléndez y sus hermanos, a los que el apacible arrullo de Céfiro susurraba el colofón de sus odas con la melodía del vino aderezando la lectura. Pero la levedad de sus composiciones está acompañada en ocasiones de una amarga concien- cia de olvido del mundo, de que el disfrute como modus vivendi es tan solo la suerte de quien no debe entregar sus escuálidos cachorros a la defensa de la patria. Este profundo pesar queda refleja- do estoicamente en su Prólogo escrito en Nîmes, donde dirige una última exhortación a la juventud que espera en España a devolver la gloria de las letras y las artes a la nación que se ha perdido entre la futilidad de los conflictos políticos. O bras de referencia Poesías (1785) / Alarma española (1808) / Prólogo de Nîmes (1815) P ablo R odríguez L ópez

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