Poéticas de Salamanca

79 J uan de la C ruz (Fontiveros, Ávila 1527 - Úbeda, Jaén 1599) IHS. A zaga de la huella de su infatigable compañera y maestra, Teresa de Jesús, fray Juan es un des- hacedor de vanidades. La simpleza de medios y la austeridad de los paisajes de su infancia moldean una mirada encendida sobre las palabras y las cosas, cuya juntura esencial ilumina: prados, sotos, llanuras y oteros, valles, vegas, riberas y huertos, montes y collados, son en su poesía el prado, el soto, la vega... Un caudal de auroras riega a sus criaturas, abrasadas en llama de amor viva. La máxi- ma depuración expresiva que conduce a lo inefable trasciende a toda ciencia humana. La ciencia, que no hace sino balbucir, la ha aprendido, en buena medida, en Salamanca. Es en sus años de colegial en San Andrés de los Cármenes cuando, en un intermedio, conoce en Medina del Campo a Teresa de Jesús, y su ser se transforma. Interrumpe pronto sus estudios de teología (fue un notable tomista) para seguir los pasos del Carmelo descalzo, y da inicio a sus fundaciones. Padeció persecución por justicia y en prisión se alzó su cántico. En la Universidad de Salamanca, como asistente a la cátedra de Prima de Teología, pudo haber sido discípulo de fray Luis. Ambos pertenecieron a la cofradía de los acosados por amor al espíritu y la letra. También su hermana en religión, Ana de Jesús, destinataria del comentario al Cántico de Juan y de la Exposición del libro de Job de Luis. La celda nunca fue estrecha a quienes iban al aire de su vuelo, heridos en amoroso lan- ce. Habían caído en la cuenta. O bras de referencia Obras (1618) / Cántico (1577-1584, 1627) / Noche oscura (1577-1585) / Subida al Monte Carme- lo (1580-1585) / Llama de amor viva (1582-1585) J uan M iguel V alero M oreno

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