ALFONSO CUÑADO CALEIDOSCOPIO

[ 9 ] CALEIDOSCOPIO pintora salmantina María Cecilia Martín Iglesias, sencillamente, de María Cecilia –R. I. P.–, cuando Alfonso Cuñado me escribió un escueto, aunque enigmático, mensaje: “¿A qué hora puedo llamarte? Necesito hablar contigo. Un abrazo”. Recuerdo que, tras leer la nota, telefoneé raudo al pintor –the curiosity killed de cat–, que no se anduvo por las ramas. No era necesario, ni mucho menos. Me dijo: “La Diputación de Salamanca ha programado entre sus actividades, para finales de este año, una exposición individual mía”. Me alegré, y le felicité efusivamente. A renglón seguido, creo que aún no había acabado de darle mi enhorabuena, cuando me comentó (o espetó), así, sin anestesia, que había pensado en mí para que escribiera el texto del catálogo. No podía negarme –cuando solicité su colaboración siempre estuvo ahí–, es más, me hizo, aún me hace –incluso cuando ya empieza a apremiar el tiempo de entrega de las hojas prometidas–, una enorme ilusión. Por esto, por haberte acordado de mí, Alfonso, igualmente, gracias. Nudo. Primera parte. Al final del camino, sobre todo, el Taller del Prado Aún recuerda Alfonso Cuñado con pasión los nombres de sus profesores del Bachillerato, que cursó en el Maestro Ávila, los hermanos Celso y Juan Vicente Blanco, aquellos con los que inició su formación en el campo artístico, y su paso –a la vez que realizaba sus estudios de Ciencias Químicas– por las Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos –hoy Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales– y de Nobles y Bellas Artes de San Eloy de Salamanca, donde el magisterio de Andrés Abraido del Rey (1915-2017) resultó clave en su aprendizaje inicial.

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