Mediterráneas CAMARGO
11 uso que hace del denominado pompeyano, cuyo eco de la ciudad le impone tanto en su obra. Camargo trabaja siempre en una gama muy armoniosa. Suele utilizar colores calientes para los paisajes marroquíes o mediterráneos, pero elige una gama fría para las calles sombrías y humildes de las ciudades marroquíes, casi siem- pre entonada en una muy sabia gama de azules y blancos, rota por elementos de color, también figurativos, ya sea ante un tejadillo, una ventana, una puerta, la sombra de una pared blanquísima. Esta es la otra trama, la temática, la que ex- plora las ciudades, desde Tánger, Marraquech, Chefchaouen a su amada Pompeya. «Bucea entre las calles de Chefchaouen. En los acantilados de luz y tierra, entre las montañas de Keela y Meggou, lu- gar de exiliados de al-Ándalus, se levantó este pue- blo, con la fuerza que aún conservaban después de su triste partida de casa hacia un mundo incierto en sus ojos», indica su hijo J. Jesús Camargo, desde su experiencia como profesor de Filosofía. Y es indudable que la mirada de este pintor envuelve una espiritualidad poética, como en los ocres que homenajean el paisaje castellano, como recoge María José Corominas: «No solo ob- serva la naturaleza, la ama como un elemento de inspiración poética». Sin lugar a dudas, es el color el elemento más definidor de la plástica de Camargo. Sorprende por su riqueza, su valentía y el rigor con el que enfrenta los colores, especialmente los rojos y los azules, que enriquece con múltiples tonalidades que utiliza para dar volumen a estos y a las refe- rencias figurativas, e imprimir movimiento a sus paisajes. Cuando el fotógrafo Gaspar Domínguez si- túa frente a la puerta, en el pequeño patio de una casa castellana, el paisaje de una calle medi- terránea, azulada y solitaria, el sol apunta el ins- tante de la imagen. José García Ortega, el amigo infranqueable del pintor, desliza que el Duero tiene esa luz en algunos amaneceres. Es el mismo astro que hizo descender la luz en un amanecer marroquí. La obra de este pintor une culturas, abraza con energía el significado de cuanto transmite y nos abre, indudablemente, una puerta de espe- ranza a través de su hermosa obra. Aníbal Lozano Jiménez
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