Mediterráneas CAMARGO

10 que introduce en muchos de sus cuadros elemen- tos (una columna, un arco, una ventana…) que valgan de referencia figurativa. Además, es figurativo por sus temas preferi- dos: el paisaje y la arquitectura (o paisaje urba- no), temas ambos que admiten una referencia- lidad más lejana porque en ellos funcionan bien las metáforas visuales que el pintor maneja. En primer lugar, el pintor dibuja mediante formas, preferentemente rectángulos que juegan compositivamente por su variedad de tamaños (rectángulos grandes junto a pequeños), que conjuga con la similitud de colocación de todos o casi todos los objetos, como en el bodegón que abre este catálogo, verticales u horizontales. Estos rectángulos son, evidentemente, refe- rencia metafórica de los planos del paisaje, sobre todo urbano, del cuadro, como en el juego de calles y líneas en azules que vienen después. La similitud de planos rectangulares puede ser un peligro por su monotonía (Camargo no es ni quiere ser Mondrian) y, para evitarla, el pin- tor rompe la ortogonalidad de las líneas de los rectángulos sobrepasándolas con grandes pin- celadas, variadas en color y en tamaño, aunque todas son geométricamente equivalentes, todas horizontales o verticales, según. Esta geometría bien puede observarse en esta muestra que ha elegido para La Salina como eje de su obra, MEDITERRÁNEAS, pues el mis- mo artista así lo considera esencial. Nos encon- tramos en Camargo el juego de la arquitectura y del color, la perspectiva y la composición de quien elige pintar en Curiel un recobrado paisaje de escaleras de Tánger, por ejemplo. El juego de la seducción se dibuja en su pintu- ra. Si estos rectángulos que configuran los paisajes, pese a su colorido, fueran rectángulos planos, sin volumen, su referencialidad se rompería. Es por ello que los enriquece con diversas texturas, muy bien tratadas, que intentan reflejar la rugosidad real de los objetos representados y ofrecen una riqueza plástica que, a nuestro en- tender, es uno de los mayores aciertos del pintor. En la pintura de Camargo podemos disfrutar de estas tramas pictóricas; sabe que el acrílico no es el óleo, pues las consigue más con la diferen- cia cromática que con la tridimensionalidad o el relieve de texturas indeterminadas. Se podría considerar el juego de palabras que configuran significados. Camargo pinta capa sobre capa y ello advierte en el pintor su forma- ción castellana que romperá en la efusión per- sonalísima de su elección como artista de otros vientos levantinos e isleños. Existe, además, otra metáfora referencial en la obra de Camargo, que es el color. Aparente- mente en su pintura puede pensarse que el artista utiliza el color fijándose solo en las leyes internas de yuxtaposición del color (los complementarios, los opuestos, los afines…), pero no es realmente así. Cambia el rumbo de la misma definición de las tramas cuando observamos los interiores, la monocromía plural de los rojos, como el buen

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