Mª Cecilia Martín
Conocí a María Cecilia Martín a poco de mi llegada a Salamanca, y de esto hace muchos años: en 1965. Fue entonces cuando pude admirar a la artis- ta frente a su obra. Pero antes ya sabía de ella, en mi etapa de crítico de arte, cuan- do llevaba la sección cultural de la revista Las ciencias que dirigía la gran figura don Manuel Lora Tamayo. Pues, si no recuerdo mal, María Cecilia empezó a darse a conocer al principio de la década de los sesenta. Sí, ya entonces oí en Madrid hablar de que en Salamanca una joven pin- tora recreaba los campos de Castilla con maravillosos oros de sus trigales, acom- pañados por dulces figuras llenas de encanto, cargadas de lirismo. Pero, naturalmente, eran pálidas referencias respecto a la realidad de la obra de nuestra pintora. ¡Qué maravilla, cuando al llegar a Salamanca, pude contemplar y disfrutar con lo que estaba viendo! Los paisajes pintados por María Cecilia, donde predomina sobre el amarillo de los trigales de Castilla. Unos trigales que a las veces se entremezclan con la otra nota del paisaje de Castilla, en particular de las tierras de Salamanca: los encinares. Así surge uno de los más fascinantes cuadros de María Cecilia: su Encinar , un óleo pintado sobre lienzo que realiza ya en plena madurez de su obra en 1977. Es un cuadro soberbio. Un cuadro de los que la vista nunca quiere apar- tarse. El espectador se encuentra como hipnotizado. Desearía caminar lenta- mente, posando sus pies sobre esa tierra amarillenta. Se adivina un día de ardiente calor, en el que las encinas ofrecen el refugio de su sombra, mientras, entre ellas asoma un regalo, que alivia con sus aguas el ardor del estío.Y en el horizonte la 15
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTYwMjU1