Mª Cecilia Martín
ese óleo pintado en 1998 en el que se esboza una figura de bañista jugando entre las olas; lo que permite a la pintora un fondo azul de la mar inmensa, pero tam- bién volver a sus queridos tonos amarillos que aparecen en primer término para darnos la visión de la playa. Como gran artista que es, María Cecilia se ha visto tentada para captar otro tema tan tradicional en la pintura de todos los tiempos: el desnudo. El desnudo. ¿Cómo silenciar ahora el que yo mismo poseo y que tengo colgado, como privilegio, en mi casa salmantina? Estamos ante una figura de mujer desnuda, vista de espaldas. Sin duda, acaba de salir del baño, y está sentada en un taburete. Su cabellera desciende generosa, mientras sus brazos tratan de secar el pelo mojado. Hay un juego armonioso que da gran vida a la imagen, la pierna izquierda se posa firmemen- te en el suelo, mientras se encorva su rodilla, al tiempo que los brazos hacen ese remolino sobre el cabello. Se trata sin duda de una joven mujer llena de vitali- dad. Uno de sus pechos apunta, turgente, en ese juego de la pintora de hacer- nos entrever, más que de presentarnos de lleno a la modelo, es como tentarnos a que nos plantemos ante el cuadro, tan lleno de vida, para decir en voz alta: «¡Hola! ¿Cómo te llamas?». Una llamada por sorpresa que nos permita conseguir que la modelo se vuelva hacia nosotros, para que la podamos ver en toda su espléndida belleza. Y esas reflexiones las hago teniendo el cuadro entre mis manos, habién- dolo descolgado previamente del rincón en que lo tengo recogido amorosa- mente en mi casa salmantina. Que de ese modo quiero rendir mi homenaje a esa gran pintora de Sala- manca que se llama María Cecilia Martín. 17 P RESENTACIÓN M ANUEL F ERNÁNDEZ Á LVAREZ
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