Mª Cecilia Martín
de la Bóveda, situado a 33 kilómetros de la capital, en el centro del Campo Charro, rodeado de encinas y grandes extensiones de cultivos de cereales. En una niña de corta edad lo que perdura en la memoria son las sensaciones: la brillantez de la luz; el calor del vera- no; el frío del invierno; el olor a humo de la paja que- mada en la lumbre baja, rodeada de pucheros ennegrecidos; el silencio de las noches, roto al ama- necer por el chirriar de las golondrinas, que tenían construidos sus nidos bajo los aleros del tejado de la casa. M.ª Cecilia también recuerda las meriendas a la sombra de los montones de gavillas en las eras, bajo los cielos transparentes de la meseta; los trillos tirados por bueyes dando incesantes vueltas sobre las parvas; el polvo de la paja al ser aventada con el bieldo para separarla del grano en esos días de suave viento cier- zo o gallego que, al envolver el contorno de las casas, figuras, aperos y paisaje, impregnaba todo el paisaje de 23 L A VIDA Y EL ARTE M.ª Cecilia Martín, a los 6 años M.ª Cecilia Martín, con su hermana Teresa
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