Mª Cecilia Martín

de la casa durante toda la mañana, encendiendo braseros, lumbres en la cocina,mullendo colchones de lana y haciendo la comida. Por las tardes, sentada a la camilla, cubiertas las piernas por la abrigada faldilla, todavía tenía tiempo para hacer primorosas labores. En 1930, M.ª Cecilia hace su ingreso de Bachillerato en las antiguas Escuelas Menores, posi- blemente el último año en el que el emblemático 27 L A VIDA Y EL ARTE amigo ciego, el poeta Cándido Rodríguez Pinilla.Estos recuerdos le sirvieron, al cumplirse el Centenario del nacimiento de don Miguel, para pintar su retrato. En 1925 el padre de M.ª Cecilia oposita en Madrid para una plaza de epidemiólogo, superando la prueba con brillantez. El nuevo trabajo de donTomás le obligaba a recorrer con frecuencia toda la provin- cia. Inspeccionaba las enfermerías que se montaban improvisadamente en los pueblos, al llegar las ferias y fiestas taurinas. También visitaba periódicamente las charcas y zonas húmedas para organizar la lucha anti- palúdica. El paludismo, era una enfermedad que en aquellos años asolaba a más de media España. En estos viajes, que aun con vehículos de entonces podían hacerse en un día, solía acompañarle unas veces su esposa y otras alguna de sus hijas, sobre todo en el periodo de vacaciones. Como gran conocedor de la provincia, consiguió inculcar en ellas todo el amor que él sentía por su tierra natal. DonTomás era un conver- sador brillante, que influyó sin duda con sus charlas y su cultura en los gustos artísticos de M.ª Cecilia, pero ella siempre admiró a su madre, constantemente dis- puesta a cualquier sacrificio para que sus hijas pudie- ran alcanzar los fines que perseguían. Ella con su timidez exagerada, poco habladora ante los extraños, era el motor de sus vidas, dirigiendo y compartiendo sus anhelos y proyectos. DoñaTeresa encajaba perfec- tamente en el tipo de esposa tan común en aquella época; la habían educado para cuidar a su marido y a los hijos, y eso lo hacía a la perfección. De una inteli- gencia poco común, siempre deseó para sus hijas todo lo que a ella le había sido negado. Se levantaba tem- prano junto con la sirvienta y comenzaba las labores M.ª Cecilia Martín, con su padre y hermana

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