Poéticas de Salamanca

10 Del mismo modo que la historia se construye y reconstruye a partir de las imágenes que re- cogemos del pasado, es nuestra instalación también una síntesis gráfica en la que se diluyen las di- ferentes personalidades, en base a una labor previa de deconstrucción de sus identidades icónicas, socialmente reconocidas, para construir un nuevo orden gráfico, una nueva identidad basada en la síntesis de retazos de realidad dispares. Es así como el proceso de representación de los retratos responde a una necesidad de condensar diferentes tiempos, proyectados mediante imágenes de diverso origen, a la vez que ubicados en distintos momentos vitales de cada uno de los autores y artistas inscritos. Poéticas de Salamanca. Más allá de la palabra da cabida a un montaje de tiempos heterogéneos y discontinuos que, sin embargo, se conectan y se interpenetran. Así pues, las imágenes tomadas como referencia para la realización de estos retratos, tienen di- versa procedencia y registro, que va desde los sistemas de representación tradicionales –el dibujo, el grabado o la pintura– hasta los procedimientos técnicos de la imagen fotográfica analógica, la ima- gen fotográfica digital o la imagen generada por ordenador. Todas ellas entendidas como unidades de construcción a modo de retazos de realidad, hibridándolas digitalmente hasta conseguir ese co- llage y ensamblaje que forja cada uno de los retratos integrados en la cartografía de esta instalación. Cada imagen, construida mediante el lenguaje binario para ser impresa sobre aluminio, es forma e imagen; es material que se explora gráficamente a partir de los referentes enfocados por la cámara del fotógrafo, o dibujados o pintados por la mano del artista; es presencia y ausencia, pasado y presente; es singularidad y universalidad, arte y no-arte; es imaginario y realidad; es, en definitiva, un conjunto de artefactos gráficos identitarios e híbridos, con referencias formales reco- nocidas, que anhelan ser más que representar. Esta forma de interpretar responde a un diálogo propio del proceso creativo, a un encuentro visual entre el artista y el retratado, uno y otro interpelándose, frente a frente, antes de que la imagen se someta a las intervenciones digitales de un ordenador y se reconstruya. El nuevo rostro perfilado ya no responde a un doble mimético del modelo, a un duplicado óptico fotográfico. Por tanto, no se muestra como un espacio cerrado, prefijado o circunscrito a un perímetro infranqueable, sino que se ha convertido en un universo abierto a las sugerencias. La imagen, tras pedirle modificaciones, nos ha ofrecido respuestas, se ha recreado, reidentificado a partir de sus signos, huellas e indicios, confirmando una nueva identidad y la permanencia en el territorio de una hiperrealidad que desea proyectarse hacia el futuro. El pensamiento multifocal aplicado en la construcción de los retratos encuentra su referencia en los orígenes del cubismo. Muy particularmente en las obras de Braque y de Picasso, donde el

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