Poéticas de Salamanca

11 punto de vista único, infringiendo la norma establecida, fue sustituido, por una infinidad de puntos de vista y de acercamientos a la realidad. Algo que, sin duda, contribuyó a la emancipación de la mirada academicista, ofreciéndonos una suerte de metamorfosis donde el yo es un otro. La imagen, transformada en su totalidad, ya no tiene una única referencia sino una infinidad de facciones po- sibles; ya no es una proyección estática e inalterable, una representación usual, sino una totalidad cambiante ante la que el observador no puede detenerse con el ojo acostumbrado. En verdad, todos los collages y ensamblajes son posibles cuando la imagen la reducimos al píxel, como plano visual apoyado en el bit, como medio de cálculo. En nuestro argumentario, y tras el procedimiento de intervención digital, los retratos de Tomás, Aníbal, Antonio, Teresa, Matilde, Gonzalo, Carmen o cualquiera de los otros nombres que integran el panel colectivo de la expo- sición, se presentan ante el espectador de forma insólita, renovada, fusionándose en la colección de sus fragmentos, multiplicándose en la identidad de sus espejos y, mayormente, refrescando las fuentes reales de las que parten. El conjunto de todos estos «grandes» que hoy ponen voz a las Poéticas de Salamanca , más allá de su individualidad intelectual, creativa o artística, propone una suerte de síntesis visual para la contemplación concentrada; un segundo obturador, reconfigurador, frente a la imperante mirada contemporánea de la postfotografía que se caracteriza por fotografiarlo todo y no detenerse a mirar nada.

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