Poéticas de Salamanca
17 POÉTICAS DE SALAMANCA, AL ALZA J uan M iguel V alero M oreno N o hay cátedra de poesía (y de poética) más donosa, ni advertencia más salada, que aquella que, en la exacerbación de lo cervantino, se propone en La tía fingida . La escena se presenta como verdadera historia, sucedida en la precisa fecha del año 1575, y en el dudoso lugar de «cierta calle de Salamanca». Dos estudiantes pobres, súbditos de Venus, dan música a la recién llegada y hermosa Esperanza, que así se llama la que va a dar tercer intento (o «esquilmo») a su virginidad. En aquella alta ocasión, los estudiantes echaron mano del adorno de la poesía, y para ello «fuéronse a un poeta de los que sobran en aquella ciudad». Aviso a cuerdos y prevención de locos, sin duda, para aquella Minerva de la monarquía hispánica, donde a la multitudo librorum correspondía su multitudo poetarum . El poeta, en fin, compone un soneto, por lógica de ocasión e insincero, y un ex- tremeño, de aquellos cuyo patrimonio se asienta en los chorizos, examina y da cuenta de la sarta de versos, «y de allí adelante quedó en opinión de todos por hombre docto y versado en la arte poéti- ca, solo por haberle oído desmenuzar tan en particular el cantado y encantado soneto». La serenata o cencerrada prosigue en cancionero, con su romance y villancicos, alentada por el demonio de la carne. Y, sin embargo, At sacri vates (Ovidio, Amores III, IX 17), se llama a los poetas divinos y ama- dos de los dioses. En uno de los pasajes más celebrados del Licenciado Vidriera , Cervantes pone en boca del héroe su estimación de la poesía: «admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía, porque encerraba en sí todas las demás ciencias». Los poetas, como los autores de teatro, que en aquellos tiempos habían de ser también poetas, dice luego, «son necesarios en la república, como lo son las florestas, las alamedas, y las vistas de recreación, y como son las cosas que honestamente recrean». Pozo de ambiciones en la España de los Austria, la ciudad letrada se proyectó como reino de Apolo. El salmantino Juan del Enzina, con el que arrancan estas galerías y otros poemas, fue autor de una Arte poética y de uno de los primeros libros impresos de poesía que puedan tenerse por tales en Castilla, su Cancionero . En el mundo de los Reyes Católicos y los Alba, la Universidad y sus maestros más modernos se confían al sueño del humanismo, pronto vencido y cautivo en el
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