ALFONSO CUÑADO CALEIDOSCOPIO
[ 13 ] CALEIDOSCOPIO Philippe Claudel alude a la niebla en su libro Aromas– , “ se huele tanto como se ve, se sueña tanto como se percibe”, pero, además, y a fe que lo consigue, alimenta nuestras ensoñaciones, porque sus pinturas –que lloran su jugo al igual que los tomates de Claudel– nos “sisean, gorgotean, cuchichean y farfullan” al oído. Y es entonces cuando por fin nos adentramos de lleno en su pintura, cuando se nos descubre, ante nuestros ojos, una imagen caleidoscópica de referencias visuales donde los detallessesolapan,dondeeltodoseimpone.“Enmipintura –nos confiesa, mientras seguimos degustando sus cuadros en su estudio–, huyo del detalle, es el conjunto el que debe prevalecer por encima de todo”. Nudo. Tercera parte. “Siempre mancho con cierta intención el cuadro” Cuando hablas con Alfonso Cuñado sobre el proceso creativo de su obra, su relato le lleva a decirnos que apenas dibuja, que parte, casi siempre, de una mancha inicial de color, de colores, un tanto abstracta para el observador ajeno, pero que siempre encierra una cierta intención hacia lo figurativo. También nos cuenta, quizás nos lo insinuara sotto voce , que le gusta trabajar las primeras capas –la profundidad de la obra, como a él le gusta decir– con acrílico, quedando las más superficiales amerced del óleo. Pintor de cuidada y depurada técnica, “resulta imposible llegar con la espátula a los registros que posee este artista”, en palabras de Ángel Almeida. Maestro consumado en el uso, en el manejo, de las espátulas –no podemos referirnos a ella en singular, son muchas las que pueblan la mesa de su estudio, y de tamaños y materiales muy variopintos (acetato, silicona, madera, acero, “casi todos me sirven”, nos dice); espátulas que en sus cuadros dejan marcas policíacas,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTYwMjU1