Josefina Pérez de la Torre

( 17 ) definición vital. En esta época Josefina pinta de todo, pero fueron los temas más vinculados a su vivencia familiar los que fueron ocupando más su paleta, en especial los temas “maternales”. Un ejemplo claro de esta “maternización” de la pintura de Josefina es el retrato (que tristemente no aparece en la exposición) de su suegro, don Miguel de Unamuno, nada menos que Unamuno, que, aunque pa- deció cierta fama de híspido (su vena “maternal” existía, pero muy en lo hondo), aparece en el retrato llevando en brazos a un nietecito, tocayo suyo, que a su vez lleva en la mano una pajarita de papel a las que tan afi- cionado era don Miguel. El pensador sostiene con cierta torpeza al niño, pero su cara, seria, muestra en su gesto cuidadoso la clara “maternidad” de un abuelo. Y don Miguel sabía mucho de detectar venas maternales hasta en la propia España, para él más “matria” que patria. Los que han escrito sobre la pintura de Josefina han coincidido en que su pintura, quizá por su sensibilidad aquilatada por los afectos familiares, puede definirse como “poesía plástica que llena el alma de recuerdos y nostalgias”. Y es que la pintura para esta pintora fue un cauce que le ayudó a lo largo de su vida a mantener el rescoldo de sus recuerdos y la vigencia de sus nostalgias. Otros de estos críticos han coincidido también en hablar de la obra de De la Torre como “poesía recóndita íntimamente dotada de un cálido lirismo”. Tanto es así que, como veremos más tarde, hubo en la vida de la artista también su com- plemento de lírica literaria. La función del arte es luchar contra la obligación. (Amedeo Modigliani) E n esta época de su vida Josefina debió de estar muy obligada de asun- tos familiares, pero no dejó de pintar porque para ella la pintura no era, al revés que el violín para el pintor Ingres, una evasión o una diversión, sino

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