Josefina Pérez de la Torre

( 20 ) ahora y cada vez más se puede hablar de un estilo que consiste en perci- bir poéticamente los temas y expresarlos mediante una luz interior que sutiliza sus cuadros. Ahora se podría hablar de un intimismo que se re- suelve mediante una luz tamizada y unos colores en su gama más cálida, rota a veces por toques de color que mueven el cuadro como ráfagas de inquietud. Son cuadros los de Josefina apacibles y lo son porque refieren fuertes y profundos sentimientos. Alguien ha dicho que Josefina pasó del costumbrismo (sobre todo en sus paisajes con figuras) al intimismo, porque “pone la sencillez y el oficio al servicio de una gran sensibilidad con un inequívoco juego de ingenuidad y veteranía. De esta forma logra conmover sensibilidades y recrear y sugerir sensaciones en el espectador que no se agotan en el simple acto de mirar el cuadro sino que dejan también traslucir su reverso, que será el espíritu de la artista”. Cuando conozca tu alma, pintaré tus ojos. (Amedeo Modigliani) P uede resultar cuando menos curioso que un pintor al que se acu- sa de no haber pintado retratos sino prototipos o, si acaso, tipos sea el autor de una frase tan definitoria del acto de retratar. Pero la frase nos vale para caracterizar los retratos que Josefina Pérez de la Torre pintó; en su mayoría retratos de niños. En ellos se cumple esa ternura crecien- te que va impregnando la pintura de Josefina mientras su técnica se va simplificando o, más bien, aquilatándose o sutilizándose. Quizá por la interiorización de estos retratos pintados por Jose- fina, por encima de aspectos técnicos, con algún fallo incluso, llegan en muchos casos a ser eso que pictóricamente es tan difícil, el retrato psicológico. Ello quizá es debido a que estos retratos lo son de amigos cuya alma conoce la pintora y ha podido pintar el interior de los ojos retratados. En una palabra, por ser retratos familiares, a estos retratos podemos calificarlos de intimistas y psicológicos.

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