Josefina Pérez de la Torre

( 23 ) pintan casonas indianas que retrotraen a la pintora a su infancia monta- ñesa. En ambos grupos de paisajes el color es un factor de la definición urbana, tanto los verdes que predominan en los cuadros de tema mon- tañés como los cálidos dorados de las vistas charras. En los cuadros de paisajes campestres, frente a lo que ocurre en los de paisajes urbanos, casi siempre aparecen personajes afanados en sus tareas. Y son las mujeres que lavan en el río o el carretero que vive caminos. En otro cuadro, que recuerda directamente a los segadores de Millet, una pareja se esfuerza en la siega que encorva sus cuerpos. Que la pintora incluya figuras, aunque pequeñas a menudo, en estos paisajes nos habla de su sentido solidario, el de una persona que, pese a haber vivido siempre en la ciudad, comparte y valora el esfuerzo de la vida campesina. Quizá estas figuras sean de tamaño pequeño porque, en el asombro panteísta de la pintora ante el paisaje campestre, la pintora se sienta pequeña. En estos cuadros de paisaje, frente a otros en los que la gama domi- nante suele ser cálida, abundan los verdosos y los ocres muy claros quizá porque en el reverso de los cuadros se asoma la añoranza de la infancia montañesa de Josefina; porque de nuevo hay que afirmar el carácter autobiográfico de los paisajes de Josefina, que en sus cuadros siempre quiere contar la verdad de la realidad porque es contar la verdad de sí misma y pinta los paisajes como trasunto de su propia verdad. Y es que ella, como Paul Cezanne, cree que “la verdad está en la Naturaleza”. Hay paz incluso en la tormenta. (Vincent Van Gogh) U n subtema dentro de los paisajes de Josefina es el de las marinas. Quizá porque la pintora había descubierto, como Van Gogh, el fondo apacible del mar o porque ella, como el marinero en tierra, no había sufrido los embates de la mar bravía, en estos cuadros siempre aparece

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