Josefina Pérez de la Torre

( 25 ) atracción de lo rústico o lo castizo. Estos bodegones le permiten a la pintora un ejercicio cromático interesante porque los resuelve en una gama de ocres y tierras muy unitaria. También le vale para un ejercicio de composición de los diversos objetos que acumula en estos cuadros. Mucho más frecuentes son los bodegones de flores. Aunque parezca un tópico lo del carácter femenino de estos bodegones, su frecuencia en la obra pictórica de Josefina es evidente, sea por ser vehículo apto para su sensibilidad floral, sea porque las flores le dan pie, con sus formas y sus colores, a un ejercicio pictórico con el añadido de la belleza inherente en las flores. Por ello abundan los cuadros que representan simplemente un ramo en su búcaro sobre un fondo neutro que, con su gradación cromá- tica que se aclara hacia el centro, potencian el protagonismo del ramo. Una variante de estos cuadros es aquella en la que el ramo está recogido en un cesto. En estos se contrasta el colorido de las flores con la gama casi monocorde del cesto, estableciendo así una antítesis muy pictórica aumentada porque en estos cuadros ya hay un rudimento es- cénico: una mesa, un objeto en segundo plano… Finalmente, en otros cuadros, el ramo de flores está inserto en un ambiente doméstico de forma que no es más que un elemento más, aunque el más importante, de un ambiente de interior. Cuando el color del sueño / se mece en el desvelo / no hay pincel que lo capte, / color sueño… / Los grises se entremezclan / nítidos, luminosos, violentos, / otras veces opacos y brumosos, / más siempre color sueño… (Josefina Pérez de la Torre) H asta ahora se han indicado como características de la pintura de Josefina su vinculación no solo mental sino afectiva con sus cuadros; su dibujo certero y tan libre que a veces hasta se permite deficiencias, y su sobriedad compositiva que no rehúye los patrones compositivos más habituales. A través de estos factores se percibe claramente la evolución

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